
Al fín, algo con substancia...Petra Barreras reseña dos exposiciones. Todavía se queda en la superficie, en la descripción, y el primer párrafo es muy condesendiente con los artistas jóvenes quienes no necesitan del reconocimiento de la prensa local para sentise realizados. Pero ahi es que esta el problema básico de este periódico...que se creen el centro de la tierra. De todas manera felicitamos a Petra y le pedimos que sea mas consistente y que escriba mas a menudo... que se necesita.
Por Petra Barreras del Río / Especial El Nuevo Día
Es oportuno cuando mujeres y hombres jóvenes se juntan para exhibir su producción artística sin afán de protagonismo, pero con esperanzas de reconocimiento. Estos grupos de autogestión colectivos encuentran espacios nuevos o establecidos para instalar obras, a veces desiguales, que en general revelan visiones alternas o a contrapelo. Es el caso de las muestras Perdóname madre, soy grabador, (Liga de Arte en el Viejo San Juan), y Trastokarte, (No Star Designs, 65 de Infantería #404).
El título, Perdóname madre, soy grabador, alude al supuesto menoscabo del grabado en Puerto Rico. Por un lado, ser grabador no se concibe como la carrera lucrativa que todo padre o madre sueña para los suyos. Por el otro, estos artistas, obstinados en grabar, trastocan las técnicas, los soportes y las temáticas de la tradición “madre”. Durante la apertura de esta exposición, Abdiel Segarra, demostró la técnica de serigrafía y regaló copias de su pieza Para tenerte (te) cuando no estés, como recordatorios. Registros casi imperceptibles de labios sitúan a este grabado en el terreno conceptual y del performance.
Zynthia Vázquez Viera muestra Golden Girl y Madonna and Child, xilografías que representan a una mujer joven de otras latitudes sentada en el suelo y descalza. Vestida con su ropa y adornos tradicionales parece atemporal hasta que se distinguen accesorios como baratijas coloridas o telas estampadas con las heroínas de Disney. Elisa María Meléndez parodia los cuentos infantiles en Caperucita y el lobo de los rizos de oro. Inserta a la protagonista y a varios animales dentro de un teatrito de marionetas de madera y plexiglas. Los muñequitos, imágenes impresas con esmero mediante la técnica de intaglio y luego bordados, rellenados y cocidos, se manipulan para re-crear el mito.
Estos grupos de autogestión colectivos encuentran espacios nuevos o establecidos para instalar obras, a veces desiguales, que en general revelan visiones alternas o a contrapelo.
El tema de la muerte salpica varias piezas y nos remite a nuestro maestro José Alicea y a José Posada, el grabador mexicano canónico. La imagen de la calavera aparece en las impresiones digitales de Garvin Sierra en contra de la guerra, en los collages de Daniel Cotté y en el estandarte Cuando más cerca he tenido la muerte de Christopher Rivera.
Omar Velásquez demuestra su dominio de varias técnicas en Altar a nuestra santa flagelación, e incorpora con fluidez barroca iconos religiosos y seculares en una crítica social cáustica. Rafael Miranda rinde homenaje al Velorio de Francisco Oller, a la vez que alude a los murales conmemorativos de muertes asociadas al narcotráfico. El título Te recordaremos, así como la imagen del difunto impresa en camisetas que visten sus dolientes, son elementos que incorpora de esta tradición funeral recién acuñada.
En la xilografía Colonizator 787, José Ortiz luce formidable como grabador tradicional mientras reta los preceptos al experimentar con el tamaño, 8’x 4’, y al usar el inglés para el título. Muestra una composición dinámica que hila temas de política global y local. Sus imágenes nos refieren a maestros fundacionales como Homar, Tufiño y Carlos Raquel Rivera.
También encontramos xilografías en la exposición Trastokarte. Las usa Jessica Freire para sus estandartes con estampas de animales reales e imaginarios. La pintura, sin embargo, domina el espacio central. En Se comieron a Nueva York, Edgardo Larregui rescata una tabla rectangular que en algún momento fue un reloj adornado con un paisaje idílico. Pinta con trazos enérgicos, textura y colores estridentes una especie de monstruo de cómics que transita desenfrenado por el puente Triborough. Gabriel Santos baraja colores refrescantes y formas orgánicas, mientras Yehimar Ureña ensaya la representación de deidades femeninas.
Carlos Gil aporta a la muestra dos pinturas, una escultura en cerámica y accesorios que se pueden clasificar como “wearable art”. Privilegia las formas orgánicas en un balance a menudo precario, mientras que su sentido del color es inusual y refinado. Rubí Ramírez utiliza en Re destrucción los plásticos infames, (por su daño al ambiente), que sujetan los six packs. Uniéndolos con cinta adhesiva y tachuelas verdes, crea una rejilla de 5’ x 4’, para que crezca una enredadera que brota de un tiesto en el suelo. Es una pieza inteligente y grácil.
Dos vídeos de Rafael Hernández son sugestivos tanto en lo visual como en lo conceptual. Kill All That You Can Be, parafrasea con horror el lema de reclutamiento del USArmy, mientras dos columnas de soldados marchan hacia atrás y hacia delante en una repetición continua. Sin título consiste de imágenes de pies en el acto de caminar. Estas tomas, articuladas en una composición caleidoscópica, giran sobre el eje central. Es una metáfora visual de nuestro mundo, (macro o micro), como una noria que se mueve por nuestros pasos y regenera energía ad infinitum.
En la apertura de Trastokarte, Sorelis Muentes y Aris Mejías disfrazadas con capacetes y mamelucos de construcción, circulaban muy bravuconas por la galería. Se comunicaban por altoparlantes portátiles mientras manipulaban un plano de obra. Luego de ajustarlo comentaban satisfechas, “Desde este punto de vista, no se ve ninguna playa”.