¿Quo vadis contradicciones?

Cuando Mario Alegre se contradice es porque algo viene

Mario Alegre se ha colocado en el mismo medio de la controversia del MAC, ahora Mario no ilustra la noticia pero es parte de la noticia. A mi parecer un editorial del respetado periodista de la sección de cultura es legítimo, lo que incomoda es cuando pretende ser juez y árbitro, labor que le toca a la escena en sus múltiples transformaciones sociales y culturales. Gran parte de estas discusiones en torno al MAC se han dado ya en los blogs, programas radiales y publicaciones independientes que han proliferado en el último año fuera del control del imperio del Día. Eso es bueno y saludable.

¿Para qué ser ser juez y árbitro ?

Ya ocurrió anteriormente. Durante los dos foros públicos sobre la situación precaria de la Crítica del Arte en PR, presentados en la Universidad del Sagrado Corazón y el ICP, se dió una coyuntura extraña. Una facción extremista, tal vez la única de la isla y la más opuesta a la escena misma, (con alegados intereses económicos y de amistad en el Día), decidió convertirse en árbitro-hablamos de Silvia Villafañe. Entonces la idea sonaba ridícula y risible, Villafañe organizando un panel en su galería para discutir "issues" relevantes a la crítica de arte en PR, la escena joven y la unidad. Demás está decir que Villafañe nunca asistió a ninguno de los paneles públicos pero si envió docenas de cartas, a patronos e instituciones culturales, exigiendo el que los panelistas fueran detenidos a toda costa, inclusive pidió que los participantes fueran expulsados de sus trabajos.

Antes que el panel improvisado de Villafañe viera la luz Mario pidió en su blog lo mismo que ahora: unidad, entendimiento, respeto y paz. En aquella ocasión para con el panel de Villafañe. La ironía es que yo fuí invitado a visitar el evento histórico, el evento que uniría a todos en una gran familia feliz.

Lo que Mario no pudo canalizar y lo que nos sorprendió es que la escena estaba unida, no estaba rota, no se tenía que arreglar. Su llamado sonaba ilusorio y provocador cuando el único factor polarizante era la misma Villafañe.

Luego de multiples conversaciones con Mario y colegas decidí no asistir. El resultado fué un panel inclusivo en un lugar privado en el cual, por lo que nos cuentan los testigos y la prensa misma, se formó un revolú y se mencionaron nombres por parte de Villafañe, de los supuestos "enemigos" de la cultura Puertoriqueña. Entre esos el del respetado crítico Joel Weinstein, Marina Reyes y mi persona. Era una encerrona, un púlpito para las obsesiones de la Villafañe.

Si Mario fue complice de la encerrona yo lo dudo, lo más seguro fue un error de juicio por su limitado contacto con el mundo del arte corriente, los nuevos medios virtuales de publicación y la falta de escritores en la sección de cultura que conocieran lo que estaba pasando en "la calle."

Hoy la historia se repite

Hoy miércoles, a diez meses de la encerrona, Mario Alegre escribe otra súplica, ¿ Quo vadis MAC ?. Y como entonces pide que se discuta la controversia del MAC "no sólo con la razón... hagámoslo también desde la sensibilidad, con altura, con respeto. Nadie debe ser crucificado." Termina con : "No nos parezcamos a los políticos."

Estoy de acuerdo, nadie debe ser crucificado. Claro que no! Eso de clavos y cruzes esta passe. Con lo que no estoy de acuerdo es la idea de que nadie es responsable, solo el viento. ¿ Y el viento colocó el techo de cristal y no pudo balancear un presupuesto? ¿ Y el Museo surgió de la nada, no fue un producto de la política cultural del gobierno de Sila Calderón en respuesta al Museo de Roselló? Esa misma es la retórica de los políticos. No se puede tapar el cielo con pena. Mucho menos cuando los posibles responsables de la debacle se expusieron públicamente bajo pretextos que podrian ser falsos. Y cuando los responsables se rehusan empedernidamente en discutir posibles escenarios de apoyo y cambio ordenado ante un reclamo público, masivo y multigeneracional.

La línea final de Mario contrasta con el relato y documentación de su intercambio telefónico con Miyuca en su editorial del domingo pasado. El mismo editorial por el cual lo felicitamos al tomar un posición fuerte y clara a favor del cambio y la evolución del MAC. El mismo editorial que presentó de forma justa a los lectores del Día que la escena tenía sentimientos encontrados cuando se trataba del llamado a cerrar filas ciegamente por los mejores intereses de Miyuca, no la comunidad. El mismo editorial que hizo posible un cuestionamiento en la generación adulta e institucional de hacedores y espectadores del arte que leen el Día, lo que conocemos como "La Cultureta."El mismo editorial que hizo lucir a Miyuca como una confundida, despistada, sin idea ni planes alternos.

Mario tiene veinte tantos años de experiencia en el medio de prensa más poderoso de la isla. Mario conoce el poder de la percepción de sus palabras, las cuales pueden destruir o glorificar a una persona. Entonces, ¿ Por qué tratar de asumir la difícil posición no objetiva de juez y árbitro?

Mi opinión es que la escena esta en su derecho de cuestionar y discutir partiendo de un argumento válido. Es de parte de la escena que surgieron los planteamientos originales, no del Nuevo Día. La escena esta madura, no necesita un norte, ni un regaño, ni un consejo paternal. Lo que reclama es claridad objetiva en la información. Seguridad que la figura omnipresente del editor institucional de cultura del Nuevo Día, cuyos dueños y jefes son también dueños del Museo de Arte de Ponce, no presente una imagen que provoque la percepción de algún conflicto de intereses. Yo creo que Mario Alegre es un profesional serio, el problema de su posición protagónica es el sub-texto, la percepción de un posible interés inusual de parte del os directors del MAP con el MAC.

Esperamos, que como hace diez mese atrás, esta nota no preceda a otro panel o junta de personajes ajenos a la discusión de altura que se ha dado hasta el momento. Sería prudente escuchar muchas otras voces. Repito lo que dije ayer:

Luego de la primicia investigativa por Carlos Rubén en Primera Hora, en la cual se destapó la olla de grillos sobre la situación real del MAC ante la comunidad. Y la reciente noticia de Mario Alegre donde se disecta la carta a favor de una transición del MAC. El siguiente paso de parte de los periódicos es el de entrevistar con justo tiempo y espacio y documentar e investigar para el público la reacción y acción de profesionales de las artes en torno a este asunto.

Pedro Vélez
13 feb. '08


Aquí la nota de Mario Alegre:

¿Quo Vadis MAC?

Si en estos tiempos la pregunta es pertinente, la respuesta -sin duda alguna- tiene una urgencia monumental. Al Museo de Arte Contemporáneo le va la vida en ella por razones que trascienden la gravísima erosión de sus finanzas, que la han colocado al borde de un cierre indeseado de parte -quiero creer- de prácticamente toda la comunidad artística del País y también de quienes nos relacionamos -directa o indirectamente- con su quehacer.

Definir el destino del MAC se ha convertido en el eje de una discusión pública que está entrañablemente atada también a la necesidad de renovar su estructura filosófica y administrativa ante el desafío que le impone el mundo “contemporáneo”, insoslayablemente globalizado y globalizante, en pos de una subsistencia que -pese a lo que muchos opinen- no puede estar anclada a los fondos que el Estado le asigne anualmente, mientras encara de manera simultánea la misión de convertirse en una institución en sintonía con la creación plástica del contexto que reclama su propio nombre, no sólo en la arena insular, sino también con un afán de simbiosis con ese mundo que hay más allá del perímetro de sus 100 por 35.
Coyunturas como la que enfrenta ahora el MAC, lejos de ser abordadas desde la intolerancia de posturas radicales, deben ser vistas -entre otras cosas- como la oportunidad de reconciliarnos con el hecho innegable de que las crisis -como los dolores de crecimiento- son inherentes a la vida misma, procesos lógicos en todo tránsito hacia la madurez y también experiencias que ofrecen sólo dos caminos posibles: la evolución o la muerte.

La situación que vive el Museo de Arte Contemporáneo es de alguna manera sintomática de los problemas que atraviesan diversas estructuras en el País, desde las artísticas y culturales hasta las empresariales y gubernamentales. En cada uno de esos espacios las dificultades se enfrentan y se intentan resolver según la calidad intelectual y la sensibilidad de quienes participan en esos contextos y por esto mismo, por ejemplo, es que todos los días padecemos hasta el hastío los estilos bastante pedestres de los señores y señoras que viven de la política con el pretexto de “servir al País”, no sólo desde el Capitolio, sino también desde diversas geografías de nuestro vasto universo “burrocrático”.

Valga la divagación como apunte de una reflexión y de una sugerencia que -creo también- pueden ser un buen punto de partida para la discusión del futuro del MAC: se trata de este museo que por casi un cuarto de siglo -y pese a todos los pecados que se pudiesen señalar- ha cumplido con una misión invaluable; se trata también del arte, de ese quehacer tan asociado a las cosas del alma cuyo ejercicio demanda una extraordinaria dosis de sensibilidad.

Quienes tenemos en el arte una causa existencial, bien como hacedores, bien sólo como observadores, formamos una parte fundamental en la conversación que en estos días se genera en torno al Museo de Arte Contemporáneo y a su incierto destino. No nos parezcamos a los políticos.