Edgardo Rodriguez Julia (Al Fin, La Cultura Empieza a Hablar Paseo Caribe)

Llevamos meses reclamando en el Box Score una respuesta/comentario/editorial de los periodistas "culturales" sobre Paseo Caribe. Ayer Jorge Rodríguez le tiro la puyita al ICP en el Vocero, y hoy en el Día le toca a Rodríguez Juliá. Me pareció medio tamed pero al menos se atrevió.

Por Edgardo Rodríguez Juliá

En la época dorada de nuestra dificultosa gobernabilidad (más por nostalgia que por rigor así consideramos los primeros veinte años del Estado Libre Asociado) nuestros gobernantes ejemplares -Don Luis Muñoz Marín, Don Roberto Sánchez Vilella, Don Luis A. Ferré- fueron incapaces de concebir una política pública adecuada respecto del litoral y nuestras playas. Sólo llegaron a proclamar y defender -¡menos mal!- nuestro derecho inalienable al disfrute de las playas, que han sido y son consideradas públicas.

Quien hace la ley también hace la trampa: el Caribe Hilton fue construido aledaño a la Playa del Escambrón, parte de esa rada fue privatizada por el hotel. Se podría argüir, sin embargo, que la playa del Hilton fue creada artificialmente y, por lo tanto, sería un bien semipúblico primero y, luego, una vez el Gobierno vendió el hotel, enteramente privado.

No ocurre así con ninguna otra playa del litoral sanjuanero: todas son consideradas públicas siempre y cuando usted se franquee el dificultoso acceso a las mismas. Pero ¿qué hay de la vista, del paisaje marino? ¿Es un bien común, público? o se convierte prontamente en privado tan pronto usted pueda comprarse un apartamento por más de medio millón de dólares. Esa es la pregunta que nadie se planteó -mucho menos contestó- en la aprobación del mal llamado Paseo Caribe. En esto soy radical: el patrimonio de nuestra panorámica vista al mar -lo que el poeta español Pedro Salinas llamó beatamente “El contemplado”- debe ser bien común de todos los puertorriqueños y sanjuaneros. Si los padres de la patria fatula no supieron evitar que en Isla Verde, Punta Las Marías y el Condado se construyeran decenas de edificios y condominios casi sobre la arena húmeda, tapiando la vista de nuestra “ciudad mayor” al mar, ya es tiempo de crear una política pública que garantice el disfrute de ese paisaje.

Hacia mediados de los años ochenta, la pretenciosa política pública -por flatulenta e hispanófila- de Rafael Hernández Colón inauguró, frente al Condominio Torre de la Reina, en el Parque Luis Muñoz Rivera, el altisonante Pabellón de la Paz, tapándole la vista al apartamento 5E. Me tapiaron -con aquel adefesio faux belle époque, palacio de plexiglass- la peña de la playa de la ocho, el litoral donde se sembraron en la arena los míticos jonrones de Joshua Gibson y Frank “Condominio” Howard. No protesté. Se trataba de una política -consideré que equivocada- mediante la cual se afectaba un bien privado en aras de favorecer un bien común: el Pabellón de la Paz sería lugar de convocatoria cívica, sitio de armonía dominguera bajo las frondas de los pinos del Muñoz Rivera y el Sixto Escobar, frondas a la brisa que ya no podría contemplar desde el apartamiento de marras.

Ahora ha ocurrido todo lo contrario: el bien privado mediante saqueo ha tapiado la vista a la peña del perro, a la boca de la Laguna del Condado, al fuerte San Jerónimo y hasta al ya benemérito Caribe Hilton. Se ha privatizado uno de los paisajes más espectaculares de la ciudad, de todos en la ciudad, no sólo de los millonarios capaces de comprar en esos condominios. Preocupa esa falta de sensibilidad para reconocer el bien común.

De la misma manera que vendieron la base naval y los terrenos cercanos al San Jerónimo, podrían demoler el histórico Sixto Escobar, construir más condominios en el Parque del Milenio y a la vez proclamar que la playa de la ocho es perfectamente pública. Y todo en aras del turismo y la plutocracia depredadora. Los vecinos del ahora clasemedianero condominio Torre de la Reina se encontrarían con un paisaje tapiado. ¿Qué derecho les asistiría? Ninguno.

Jorge Rodriguez hace algunas Preguntas

Al fin se empiezan a hacer las preguntas pertinentes, poco a poco llenamos el cubo...en el Vocero, no el Día.


Por: Jorge Rodríguez
ESCENARIO

Aunque de personalidad sosegada, introvertida y alejado prácticamente del fulgor de la publicidad, el doctor José Luis Vega, poeta y director ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), pone en perspectiva la obra que ha acometido al frente de esta institución en las áreas de finanzas, la próxima restauración e instalación del Museo del Fuerte de San Jerónimo y de su sede en Ballajá, la terminación de la Galería Nacional, la inauguración de los teatros Victoria Espinosa y Lucy Boscana, y otras actividades relacionadas a la conservación del patrimonio edificado. Entre otras actividades, está reservado un homenaje nacional a todos los empleados de ayer y de hoy del ICP.

La primera de todas estas intervenciones, la que califica Vega como una revolución al interior del corazón del ICP, lo ha constituido la reconceptualización de la Oficina de Finanzas que a su llegada encontró con tres años de atraso.

En balance estados financieros

"Los estados financieros estaban atrasados por tres años, lo que nos ponía en un estado avanzado de delincuencia porque éramos una de las pocas agencias que no tenía sus informes financieros al día. Esto era un requisito de ley para que el gobierno pudiera presentar sus estados financieros a su vez. Desarrollamos un proyecto intensivo con los empleados de la Oficina y asesores externos, y prácticamente estamos al día. Se ha hecho una reingeniería de las finanzas tratando un nuevo sistema contable mecanizado con nuevos sistemas de adiestramiento", declaró Vega.

Como corolario de este logro, Vega anuncia que ya se encuentra rehabilitada la mayor parte del sistema de aire acondicionado de su sede, así como la continuación de la reparación de la terraza y su primer piso fuera de horas laborables, cuya inauguración hasta el presente está pautada para diciembre. Ya se comenzó también el proyecto de habilitación de la segunda planta de la Galería Nacional donde se exhibirán las obras sobre papel de la colección del ICP, así como el Teatro Lucy Boscana, cuyas labores de habilitación comenzaron.

"El Victoria Espinosa de Santurce estrenará el 18 de octubre y pronto empieza la restauración del maderamen de Casa Blanca. En Ponce, abre la Casa Armstrong-Poventud; y tenemos en el tintero de hacer un gran reconocimiento al esfuerzo histórico de todos los empleados del ICP desde su fundación, que queremos coincida con la apertura de la terraza de nuestra sede", agregó.

Museografía y museología para el Fortín de San Jerónimo

"El Fuerte tenía un museo antes de que le cedieran al Caribe Hilton el uso del Fuerte para hacer actividades privadas. Cuando llegamos al ICP retomé el tema del Fortín que entonces era el tema de los accesos públicos. Se había negociado con Paseo del Caribe y el Hilton lo que se llamaba una servidumbre de paso para garantizar que una vez terminado ese proyecto, restaurado el Fortín hubiera libre acceso al público. Me di cuenta que querían utilizar esa servidumbre de paso y poner una serie de restricciones, añadiendo a eso de que habían tomado control físico del espacio. Sentí que estábamos ante una prepotencia en un estado de indefensión", expresa el director.

En estrecha comunicación con el senador Eudaldo Báez Galib, éste último propuso radicar una resolución para investigar los accesos al Fortín, la presenta a la Comisión que preside Orlando Parga y se convierte en una resolución tripartita al acogerla la senadora María de Lourdes Santiago.

"En el ínterin hemos colaborado con la investigación proveyendo la documentación requerida. De hecho, la primera persona que acude a deponer es el director del ICP y los tres asuntos que se están investigando son los que expusimos allí. Pedimos que se investigara el asunto de las tierras ganadas al mar, el proceso de permisología y el tema de los accesos. Mientras eso transcurre pedimos opiniones al Departamento de Justicia. En el ICP, ya firmamos un preacuerdo donde los desarrolladores y el Hilton se comprometen a que ambos accesos de la calle Rosales y el que bordea la laguna son accesos públicos, perpetuos y quien único podrá poner condiciones es el gobierno a través del ICP", declara Vega.

Aclara Vega que el asunto del acceso está resuelto, no por servidumbre de paso sino por un reconocimiento del carácter público y de uso real, inmemorial e histórico del pueblo de Puerto Rico a acceder a su patrimonio. Con esos accesos, el transporte de maquinaria y materiales que en su día se necesitarán para la restauración del Fortín también están asegurados por medio de un documento de intención firmado que en su día habrá que notarizar.

"Este acuerdo fue revisado por el Departamento de Justicia, de modo, que en esa área la polémica está resuelta. Nosotros tenemos unos planos para la restauración del interior del Fuerte con miras a volverlo a convertir en Museo de la Historia Militar, que en esta etapa lo tienen a cargo la División de Mejoras Permanentes y Zonas y Monumentos. Eso lo haremos en cualquier momento y por ello nos hemos reunido con la Universidad Politécnica y otras escuelas de arquitectura que les interesa participar. También nos hemos reunido con la Compañía de Parques Nacionales, Transportación y Obras Públicas, el National Park Services de Estados Unidos en un esfuerzo conjunto para restaurarlo lo antes posible. Hay que ir pensando en la creación de un Fideicomiso del Patrimonio Edificado quizá siguiendo el modelo del Fideicomiso de Conservación para que se haga cargo de la conservación del patrimonio edificado más emblemático", concluyó.